Vanessa B. Bastidas
¿Alguna vez has sentido que tu trabajo, tu arte o tu esfuerzo no tienen valor? Esta parábola, "El Anciano Creador", es un cuento profundamente humano sobre la perseverancia, la ceguera ante nuestro propio valor y la magia que ocurre cuando alguien más reconoce la grandeza que nosotros no podemos ver. Es una lección de vida para cualquier creador, artista o emprendedor.
La historia del anciano creador es un recordatorio de que nuestro propósito a veces se revela a través de los ojos de los demás. A continuación, la parábola completa.
Todos conocían al anciano más viejo de la ciudad. Había sido creador toda su vida y jamás se había catalogado como tal. Pasó su vida entera creando sin parar; trabajaba con arcilla, pinturas, telas, madera, cerámica, piedras, hojas y todos los materiales que podía recolectar. A veces tenía algunas dificultades para sujetar o pegar varias cosas; sin embargo, siempre lograba el objetivo: crear.
Todos creían que hacía de todo, pero no se especializaba en nada. Él solo se mantenía creando. Pensaba que no tenía más creatividad para hacer cosas con el mismo material pero ideas diferentes, así que saltaba de una creación a otra. Sentía poco rumbo en su vida, envejeció y pensó que era un fracasado; constantemente se comparaba con el resto de sus semejantes. “No soy creativo”, decía, “no sé hacer otra cosa más que crear sin parar cosas sin sentido. No pude vivir jamás de nada de lo que hice, igual estaba siempre sin un centavo”.
Un día, el anciano fue a tirar todas sus creaciones. Con mucha dificultad, subió la pequeña colina que daba hacia el botadero de desperdicios del pueblo donde residía. Eran muchas cosas y el saco estaba pesado, profundamente pesado. Siendo un anciano, la dificultad se triplicaba aún más. Sin embargo, mientras caminaba, se detenía cada tanto a descansar y tomar un poco de agua. Mientras iba en ese camino tan difícil y con una carga tan pesada, pensaba en cómo pudo meter todas sus creaciones en sacos y solo lanzarlas. Estaba molesto y triste.
Continuó caminando; al llegar a la cima y prepararse para lanzar todas sus creaciones al vacío, notó la presencia de un niño. Estaba buscando algo con lo que jugar. El anciano no perdió el tiempo y comenzó a tirar sus cosas. El niño, al ver aquello, quedó maravillado de ver cosas tan increíbles y comenzó a meterlas en un saco. El anciano lo observaba con recelo; lo que él botaba, el niño lo metía en su saco. Así estuvieron ambos por un buen rato, en total silencio.
Al terminar de lanzar todo y el niño de recoger, comenzaron ambos a descender la colina. Uno iba con el peso ligero, mientras el otro apenas podía caminar con el enorme peso que llevaba en sus hombros.
—¡Oye, niño! —gritó el anciano—. ¿Por qué te has llevado todo lo que he tirado?
—Porque es valioso, señor —respondió el niño, mientras con dificultad continuaba su camino.
—¿Valioso? Es un montón de basura.
—Pienso que es más que eso, señor. Aquí hay años de creatividad, creación y arte. No puede botarse. No sé por qué lo hizo. Ahora ya es mío, y sé cuánto vale todo esto. Lo llevaré a los mercaderes del centro y los venderé todos. Quizá con ese dinero pueda comprar juguetes de verdad y algo de comida para mi familia.
—¿Los venderás? —preguntó el anciano, asombrado.
—Sí —dijo el niño mientras continuaba descendiendo—. Espero que no le moleste.
—No, por supuesto que no. Al contrario, te deseo mucha suerte.
—Gracias, señor.
Ambos terminaron de descender el sendero. El niño tomó un camino y el anciano, otro. Al llegar a su casa, la sintió vacía, sin ninguna de sus creaciones. Limpió su hogar y continuó con su vida. Al pasar los días, decidió dar una vuelta por el mercado. Al andar, vio al niño con una pequeña mesa y algunas de sus creaciones. Así que decidió preguntar cómo le había ido.
—Niño, ¿me recuerdas?
—¡Señor, claro que sí! Lo he estado esperando desde hace mucho tiempo. Me alegra mucho verlo.
—Gracias, hijo. ¿Por qué querías verme?
—Siento que debo darle las gracias por tirar todas sus cosas. Han sido de gran ayuda para mí y mi familia. Me han dado más dinero del que pueda imaginar. Me preguntaba si podía crear más cosas para mí. Yo podría venderlas. Seremos socios, señor. Tengo la mitad del dinero que he obtenido por sus cosas; pienso que es suyo, usted los hizo. Es usted un hombre muy creativo e inteligente. Me encantaría que pudiese enseñarme cómo ser tan creativo y crear cosas como las que usted hace. ¿Qué le parece?
El anciano estaba atónito ante la honestidad e inocencia del pequeño. Así que, a través de la experiencia que acababa de tener, solo le dijo:
—Hijo, ya eres creativo y haces mucho más de lo que yo he hecho en mi vida. Eres creativo en cosas diferentes a las mías: vendes, eres un buen mercader, eres un excelente vendedor. Yo jamás hubiese podido hacer lo que hiciste. Así que ya has creado un fructífero negocio y has sido creativo al dar un mejor uso a mis creaciones del que yo pude darles todos estos años. Por supuesto que te enseñaré a ser un artista. Por supuesto que seguiré creando. Me has inspirado, hijo.
La parábola del anciano y el niño nos deja varias lecciones de vida profundas:
El valor está en los ojos de quien lo ve: A menudo, nosotros somos los últimos en ver el valor de nuestro propio trabajo y creatividad. El síndrome del impostor nos ciega.
La perseverancia tiene su recompensa: El anciano creó toda su vida sin ver un propósito. Sin saberlo, estaba construyendo un legado que, al final, encontró su camino y su valor.
El propósito se encuentra en comunidad: A veces, nuestro talento necesita el complemento de otra persona (un vendedor, un estratega, un admirador) para florecer por completo. La colaboración le dio un nuevo significado a la vida del anciano.
Nunca es tarde para encontrar tu lugar: El anciano, al final de su vida, encontró no sólo reconocimiento, sino un alumno y un socio. Encontró un nuevo propósito.
Reflexión final: Si te sientes identificado con el anciano creador, pregúntate: ¿Estoy subestimando mi propio trabajo? ¿Quién podría ver valor donde yo solo veo esfuerzo? A veces, solo necesitamos un cambio de perspectiva para que nuestra creatividad encuentre su verdadero destino y propósito.

A través de sus libros y reflexiones comparte mensajes de transformación, espiritualidad y resiliencia, inspirando a vivir con propósito y conectar con la esencia interior.

Ayudo a personas a superar fracasos y alcanzar el éxito a través de la disciplina, integrando mente, alma, y cuerpo para avanzar rápidamente hacia sus metas.